domingo, 19 de junio de 2016

Habla

 
     Un agricultor fue a su campo una mañana a desenterrar algunos ñames. Él quería comerse los ñames para el almuerzo. Mientras los desenterraba, un ñame le habló. “¿Hey, qué vas a hacer con tu palo? Vete y déjame en paz.” El agricultor volteó y vio a su vaca. La vaca estaba comiendo zacate. El hombre estaba asombrado. “¿Dijiste algo?”

     La vaca continuó comiendo. Pero el perro del hombre habló, “No fue la vaca, fue el ñame. El ñame quiere que te vayas.”

     El hombre estaba enojado. El perro no había hablado antes. Al agricultor, además, no le había gustado el tono de voz del perro. Él decidió pegarle a su perro con una rama. Usando su cuchillo, el hombre cortó una rama de un árbol de palma. En ese momento, el árbol de palma habló, “¡No cortes mi rama!”

     El hombre estaba perturbado. No le gustaba lo que estaba pasando. Él tiró las ramas al piso. La rama de palma dijo, “¡Hey, ponme en el suelo suavemente!”

     El agricultor cuidadosamente puso la rama sobre una piedra. Pero la piedra gritó, “¡Hombre, quita la rama de mi!”

     Por ahora, el agricultor estaba muerto de miedo. Él comenzó a correr hacia el pueblo. En el camino, él conoció a un pescador. El pescador estaba cargando una red de pesca.

     “¿Cuál es el problema?” preguntó el pescador.

     El agricultor conto la historia sobre el ñame, perro, árbol, rama y piedra, parlantes. “¡Qué historia tan loca! Esa no es razón para estar asustado,” dijo el pescador.

     La red de pesca del pecador le preguntó al agricultor, “Bueno, ¿Quitaste la rama de la piedra?”

     “¡Uff!” gritó el pescador. Él lanzó la red de pesca sobre el suelo. Ambos, él y el agricultor, corrieron por el camino. Ellos conocieron a una tejedora. La tejedora cargaba una pañoleta en su cabeza. “¿A dónde van tan rápido? Casi me pegan,” dijo ella.

     El agricultor le contó a la mujer su historia, sobre el ñame, perro, árbol, rama y piedra, parlantes. El pescador le contó a ella sobre la red de pesca parlante. “¡Hombres tontos!¡No les creo!¡Qué razón tan loca para correr!” dijo la tejedora.

     “Pienso que deberías correr,” dijo el pañuelo a su cabeza.

     “¡Oh, no!” gritó la tejedora. Ella retiró su pañuelo. Luego, ella corrió después de el agricultor y el pescador.

     Los tres llegaron al rio. Ellos comenzaron a cruzar las aguas. En el rio, un hombre estaba nadando. “¿Qué estás haciendo? ¿Estás casando a un animal?” el hombre preguntó.

     El agricultor contó su historia sobre el ñame, perro, árbol, rama y piedra, parlantes. El pescador narró sobre la red de pesca parlante. La tejedora contó sobre su pañuelo parlante. “¡Esa es una historia absurda!¡Olvídenla y tomen un baño!” dijo el nadador.

     “Ustedes deberían correr si eso sucede,” dijo el rio. El hombre saltó fuera del rio. É comenzó a correr con las otras personas.
     Al último, ellos llegaron a un pueblo. Todos los cuatro corrieron a la casa del jefe. El sirviente del jefe sacó el taburete del jefe. El jefe se sentó sobre su taburete y escuchó a la gente.

     El agricultor contó su historia sobre el ñame, perro, árbol, rama y piedra, parlantes. El pescador narró sobre la red de pesca parlante. La tejedora contó sobre su pañuelo parlante. El nadador contó sobre el rio parlante.

     El jefe fue paciente al principio. Luego, se enojó. “¡No les creo una palaba! ¡Vuelvan al trabajo antes de que los castigue! ¡Están haciendo perder mi tiempo!”  

     Los tres hombres y la mujer tristemente se alejaron. El jefe aún estaba enojado. “Una plática tonta puede enojar a un pueblo entero,” dijo el jefe.

     “¡Qué historia!” dijo el taburete. “¡Es absurdo, un ñame hablando!”

Leyenda de Ghana tomada de “Festival of Folktales.” Dominique Press. Carlsbad, California, 1993. Págs., 70-72. 

sábado, 18 de junio de 2016

Csucskari

     Más allá de los siete mares, un gitano pobre vivía con tres hijos. El anciano padre tenía poco dinero. Los hijos le dijeron a su padre, “Sabemos que tienes muchos problemas. Te dejaremos ara buscar nuestra fortuna.” El padre dijo tristemente a sus hijos, adiós.

     Al andar ellos caminando, los tres jóvenes gitanos vieron al rey de los soldados. Un soldado le dijo a los hijos, “Escuchen, amigos. El rey tiene un mensaje para cada uno, rico o pobre, joven o viejo. Por muchos años ha habido solo oscuridad. El sol y la luna han abandonado el cielo. El hombre que pueda fijar el sol y la luna en el cielo, tendrá la mitad del reino. Él también podrá casarse con la princesa.”
     A los tres hijos les gustó la idea. Fueron al palacio del rey. El hijo más joven, Csucskari, hizo un contrato con el rey. El hombre joven firmó un contrato en letras de oro con su dedo.
Los tres hijos viajaron. En el camino, hablaron con un anciano sabio. El hombre les dijo que fueran al bosque. Allí, ellos encontrarían una caja especial. Esta caja tenía el secreto para fijar el sol y la luna. Pero primero, tendrían que pasar por una tierra peligrosa. Esta tierra era el hogar de dragones.

     Los tres hijos entraron a la tierra del hogar de dragones. Pronto, escucharon terribles ruidos. Enfrente de ellos estaba un dragón de ocho cabezas. Csucskari dijo, “¡Déjenme pasar! He venido a fijar el sol y la luna.”
     “¡Nadie pasa por aquí!¡Prepárense a pelear!” dijo el dragón. Csucskari luchó contra el dragón con su espada. Al final, él ganó. Los tres hombres jóvenes continuaron su viaje. Pronto escucharon más terribles ruidos. Esta vez era un dragón de diez cabezas. Nuevamente Csucskari lucho contra el dragón y ganó.

     Los hombres jóvenes estaban casi ya en el bosque. Entonces, frente a ellos, ¡Había un dragón con doce cabezas! El dragón le dijo a Csucskari, “Tú ganaste la batalla contra mis dos hermanos. Pero no me ganarás a mí.”
     La pelea comenzó. El dragón y Csucskari eran iguales en fuerza. La pelea duró dos días. Al final del segundo día, el hijo más joven dijo al dragón, “¡Debo ganar!¡Debo traer luz al reino.” Con un golpe final, Csucskari ganó el combate.
     Cansados pero felices, los tres hijos llegaron al bosque. Ellos encontraron una caja con doce abejas dentro de ella. Las abejas tenían el poder de traer de nuevo la luz. Los jóvenes, encones, comenzaron su viaje de regreso al palacio. En su camino, se detuvieron en la casa de un herrero. El hermano mayor le contó al herrero sus aventuras. El herrero dijo, “Voy a tomar la caja de ustedes. Entonces, puedo ir al palacio por la recompensa.” Los tres hijos trataron de detener al hombre. No pudieron. El herrero era más fuerte que veinte hombres.

     Csucskari vio al herrero llevar puesta una camisa especial. Cuando el hombre se fue a dormir, él le quitó su camisa. Esa noche, Csucskari robó la camisa especial. El herrero estaba muy enojado cuando despertó. Él necesitaba su camisa para ser fuerte. Los tres hijos tomaron de nuevo la caja de abejas. El herrero no los pudo detener.
     Los tres jóvenes se fueron en su camino. Al final llegaron al palacio. Csucskari dijo al rey, “Buen día para usted, señor. Traeré ahora luz a la tierra. Y entonces, me casaré con la princesa.” El joven abrió la caja de abejas. Las doce abejas volaron hacia el cielo. Una vez más, el solo brilló durante el día, y la luna brilló durante la noche.

     Gente de siete países llegaron a la boda real. Csucskari se casó con la hija de sangre del rey. Y la fiesta de bodas duró siete años y siete minutos.                

  Leyenda húngara tomada de “Festival of Folktales.” Dominique Press. Carlsbad, California, 1993. Págs., 38-41. 

viernes, 17 de junio de 2016

La Pequeña Havroshechka

     La pequeña Havroshechka era una huérfana. Ella no tenía padres. Una familia tomó a Havroshechka a su casa. Ellos querían que ella fuera su sirviente. La muchacha trabajaba todo el tiempo.
     En la casa, había tres hijas. Las muchachas se llamaban, Un-Ojo, Dos-Ojos, y Tres-Ojos. Las tres hermanas no hacían nada todo el día. Ellas solo se sentaban y veían a gente andar. Ellas nunca le decían una palabra de aliento a Havroshechka.
    Un día, Havroshechka salió afuera a ver a su vaca. “Oh, tu eres mi única amiga,” dijo ella. “La señora y las hijas me pegan y me gritan. No me dan suficiente comida. Tengo que trabajar todo el día sin descansar. La señora dice, que tengo que tener cinco piezas de vestido para mañana. Si no, no tengo comida.”
     La vaca amaba a Havroshechka. Ella dijo, “Te ayudaré.” De repente. Cinco piezas de vestido aparecieron. La vaca era una vaca mágica. Havroshechka tomó los vestidos para su señora. La señora dijo, “¿Ya terminaste? Entonces te daré más trabajo. Quiero diez piezas de vestido para mañana.”
     La pequeña Havroshechka le dijo a la vaca su problema. Esta vez, hizo las diez piezas de vestido. Nuevamente la muchacha tomó los vestidos para su señora.
      La señora no le dijo nada a Havroshechka. La muchacha abandonó el salón. “Hijas, vengan aquí,” dijo la señora. “Alguien le está ayudando a Havroshechka. Un-Ojo, ve y ve quien le ayuda a la muchacha.”
     Un-Ojo fue con Havroshechka a los campos. La hija se echó en el zacate. La pequeña Havroshechka cantó, “¡Duerme, pequeño ojo, duerme!” Un-Ojo cerró su ojo y cayó en sueño. Al ella dormir, la vaca hizo la ropa.
     Enseguida, la señora envió a Dos-Ojos  a observar a la pequeña Havroshechka. Dos-Ojos también se echó en el zacate. Havroshechka cantó, “¡Duerme, pequeño ojo, duerme pequeño otro ojo!” Dos-Ojos cayó en sueño.
     Esta vez, la señora envió a Tres-Ojos para observar a Havroshechka. Esta hija también se echó sobre el zacate. Havroshechka cantó, “¡Duerme, pequeño ojo, duerme pequeño otro ojo!” Ella olvidó todo acerca del tercer ojo. Dos de los ojos de Tres-Ojos, cayeron en sueño. Pero el tercero vio todo.
     Las hijas fueron a casa. Ella le dijo a su madre sobre la vaca mágica. La mujer le dijo a su esposo, “Ve y mata a la vaca.”
     Havroshechka oyó a su señora hablar. La muchacha fue a la vaca. “¡Quieren matarte!” dijo ella. La muchacha estaba llorando.
La vaca respondió, “No estés triste. Después de que muera, toma mis huesos. Entiérralos en el jardín. Riégalos cada día.”
     La pequeña Havroshechka obedeció las instrucciones de la vaca. Después que la vaca fue muerta, ella tomó los huesos. Los enterró en el jardín. Y ella los regó cada día.
     Un hermosos manzano comenzó a crecer en el jardín. En pocos años, tenía deliciosas manzanas. Y el árbol tenia hojas de oro.  Todo mundo vino a ver el árbol especial.
     Mucho tiempo después, un hombre vino. Él vio a las tres hijas viendo el camino. “¡Muchachas! me casaré con aquella que me traiga una manzana de ese árbol especial”
     El hombre joven era rico y guapo. Las tres hijas se apresuraron hacia el árbol. Cada una trató de agarrar una manzana. Pero el árbol no permitiría a las muchachas tomar una manzana. El árbol oscilaría las manzanas en lo alto en el aire. Las muchachas trataron y trataron. Aún, ellas no pudieron tomar manzanas.

     Entonces, Havroshechka caminó hacia el árbol. Instantáneamente, una manzana cayó a sus manos. Ella dio la manzana al hombre joven. Havroshechka y el hombre joven se casaron pronto después. Desde ese día, la muchacha no conoció mas tristeza.

 Leyenda rusa tomada de “Festival of Folktales.” Dominique Press. Carlsbad, California, 1993. Págs., 76-79. 

miércoles, 15 de junio de 2016

El Cañón de los Lamentos

     Mucho, hace muchos años, en Japón, el hombre anciano no era respetado. Cuando un hombre o mujer cumplía sesenta años, eran llevados a la montaña. Entonces, eran abandonados en la parte baja del cañón. La gente anciana era abandonada para morir en el Cañón de los Lamentos.

      Durante esos años, vivía un viejo granjero. Una primavera, él cumplió sesenta años. Por ley, era el tiempo para el anciano de morir. Los señores de país siempre llevaban a cabo ésta ley.
     El hijo del granjero, dijo tristemente, “Padre, es el tiempo. Tengo que llevarte al cañón. Los hombres del señor visitarán pronto nuestro pueblo. Si te encuentran, ellos te matarán. Y ellos me matarán a mi también, porque rompí la ley.” El hijo tenía lagrimas en sus ojos. Él amaba al anciano mucho. La esposa del hijo empezó a llorar ruidosamente. Ella dio al anciano un beso.
     El hijo cargó a su anciano padre en la espalda. El hombre anciano no podía escalar la montaña por sí mismo. Él no era lo suficientemente fuerte. De camino a la montaña, el hombre anciano trozó la terminación de tres ramas. Él hizo esto para marcar el camino.
     “¿Padre, por qué haces esto? ¿Por qué estás haciendo el camino? ¿Planeas regresar a casa? Tu sabes que no puedes,” dijo el hijo.
     “No, mi hijo” dijo el viejo granjero, “estoy haciendo el camino para ti. No quiero que te pierdas en el regreso a casa.”
     El hijo se detuvo de caminar. Él comenzó a llorar por la bondad de su padre. “Padre, debemos regresar a casa. No te puedo hacer esto. Te esconderé.”
     El hijo llevó al anciano hombre a casa. Él escondió a su padre bajo la casa. Los hombres del señor no lo encontrarían ahí.
     El señor de la tierra le gustaba hacer la vida difícil a su gente. Un día, él llamó a los agricultores juntos. Él dijo, “Ustedes deben traerme una cuerda. Hagan una cuerda de las cenizas.” Todos los agricultores estaban preocupados. Ellos no podían hacer una cuerda de cenizas. Las cenizas se irían a pique. ¿Qué haría el señor si nadie siguió su mandato?
     El hijo enteró a su padre acerca el mandamiento del señor. El padre respondió desde debajo de la casa, “Hijo, debes tu primero hacer una cuerda fuerte y fina. Quemarla hasta que se vuelva cenizas. Después, cuidadosamente, lleva la cuerda en cenias al señor.”
     El hijo siguió las instrucciones. Él llevó la cuerda de cenizas al señor. Ninguno de los otros agricultores lo había hecho. “Excelente,” dijo el señor al joven agricultor. “Ahora, tengo otra tarea para todos ustedes. Tráiganme una caracola. La concha debe tener un hijo a través de ella.”
     El joven agricultor fue con su padre otra vez. “Hijo, primero encuentra una caracola,” dijo el padre. “Coloca la abertura hacia la luz. Enseguida, pon arroz al final del hilo. Da el arroz a una hormiga. Coloca la hormiga en la concha. La hormiga lo atravesará y tomara el hijo con él.”
     El hijo hizo como se le fue dicho. Nuevamente, el padre estaba en lo correcto. El agricultor llevó la concha al señor. El señor estaba asombrado y feliz. “¿Cómo hiciste esto? Tú eres muy sabio. Quiero honrarte.”
     El joven miró hacia el piso. “Este honor no es por mí, mi señor. Mi anciano padre es el sabio. Él me dijo qué hacer. Mi padre tiene sesenta años. Era tiempo de arrojarlo al cañón. No pude hacerlo. Él está ahora escondido bajo mi casa.”
     El señor estaba callado. Entonces, él dijo, “Tráeme a tu padre.” El hijo tenía mucho miedo. ¿Iba el señor a matar al padre? Él tristemente trajo a su padre al señor.
     “Tú eres un hombre sabio,” dijo el señor al anciano agricultor. “Usted sabe mucho. Tú no eres muy fuerte, pero eres sabio. Tal vez es una mala idea arrojar gente anciana al cañón. Tú eres viejo. Aún, tú tiene mucho que ofrecer.” En ese día, el señor cambió la ley. La gente anciana no sería más, dejada en el cañón.   
Leyenda japonesa tomada de “Festival of Folktales.” Dominique Press. Carlsbad, California, 1993. Págs., 98-100. 

martes, 14 de junio de 2016

Charan

     El gobernador de la provincial de Pyong-an, en Corea tenía un solo hijo.  El nombre de su hijo era Keydong. El joven era un excelente estudiante y escritor. En el cumpleaños decimo sexto de Keydong, el gobernador le regaló a su hijo una gran fiesta. En la fiesta, había muchas bailarinas. Una adorable muchacha llamada Charan, bailó con Keydong. Todos disfrutaron viendo bailar a la guapa pareja.
      Esa noche, el joven y la señorita se enamoraron. Ellos comenzaron a verse el uno al otro cada día. Ellos platicaban juntos muchas horas. Ellos llegaron a ser los mejores amigos.
      Seis años después, el rey quiso que el gobernador fuera su primer ministro de justicia. El gobernador y su familia se tuvieron que mudar a Seúl.
      El gobernador habló a su hijo, “Keydong, tenemos que mudarnos. Veo que amas a Charan. Pero no te puedes casar con la muchacha. Tu sabes eso. Ella no es de tu clase social.”
     “Padre, no te preocupes,” dijo Keydong. “Entiendo. Le diré adiós a Charan.”
      La joven muchacha lloró en el día de la partida. Pero Keydong no mostró emociones en su semblante.
      Keydong se fue a Seúl con su familia. Él trató de olvidar a Charan. Pero no pudo. Cuando él estudiaba, él pensaba solo en su amor. Una noche, en medio del invierno, él se fue de su casa. Él quería regresar con Charan.
      En la mañana, la mamá de Keydong fue a hablar con su hijo. El joven se había ido. Su madre y padre no sabían dónde estaba él. Todos buscaban al joven. Al final, los padres decidieron que Keydong estaba muerto. Tal vez un tigre se lo había comido. Los padres tristemente quemaron las ropas de su hijo, en una ceremonia mortuoria.
     El viaje de Keydong a Pyong-an fue muy difícil. Charan vivía cientos de millas lejos. Había nieve en el camino. Keydong era el hijo de un hombre rico. Nunca había conocido antes el hambre o el frio. Él había tenido que mendingar por comida. Él casi se congela de muerte. Él caminó sobre la nieve por un mes.
     Finalmente, Keydong llegó a Pyong-an. Él encontró a Charan. Ella lloró de felicidad al ver a su amado nuevamente. Los dos decidieron escapar juntos.
     Keydong y Charan se casaron. Entonces, ellos se fueron a vivir a un pueblo en una montaña. Keydong llegó a ser un sirviente. Charan cosía ropas para vender. Ellos eran muy pobres, pero los dos eran muy felices.
     Entonces un día, Charan le habló a su esposo, “Tú dejaste a tus padres . Ellos no saben que tú estás vivo. Eso está mal. Pero tú no puedes regresar a casa. ¿Qué podemos hacer?”
     “No lo sé,” dijo Keydong tristemente.
     “Tengo una idea. Tú puedes estudiar para el examen oficial. Si tú lo pasas, tú traerás honor a ti mismo. Tú podrás ver a tus padres de nuevo. Tú serás también un oficial de estado.”   
     Keydong estuvo de acuerdo con el plan. Ellos trajeron libros para él, para estudiar. Cada noche, los dos se sentaban a la luz de una vela. Charan cosía y Keydong estudiaba. Dos años pasaron de esta manera.
     Al final, Keydong y Charan fueron a Seúl para el gran examen. Keydong escribió magníficamente en su examen. Él ganó el primer lugar.
     El rey pidió ver a Keydong, “Tú eres el ganador del examen. Eso es excelente. Pero no entiendo una cosa. Tu escribiste que eres el hijo del ministro principal de justicia. Su único hijo murió hace tres años.”
     Keydong contó su historia. El rey dijo, “Te perdóno por tus malas acciones. No te voy a castigar por tu amor. Charan no es una persona común. Haré a ella igual a tu clase social.”
     Keydong fue a ver a sus padres. Los padres estaban llenos de felicidad, de ver a su hijo de nuevo. Keydong y Charan oficialmente se casaron en un gran festival. Posteriormente, Keydong llegó a ser uno de los primeros ministros de Corea. Él y Charan vivieron una larga, y feliz vida.
     Leyenda coreana tomada de “Festival of Folktales.” Dominique Press. Carlsbad, California, 1993. Págs., 90-93.  

lunes, 13 de junio de 2016

La Lección

     En México, vivió una vez un hombre que se llamaba Pablo. El hombre era muy celoso de su hermosa novia. Él no tenia razón de estar celoso. Teresa no estaba interesada en otro hombre. Ella amaba solo a Pablo.
     Pablo y Teresa se casaron. Tuvieron una pequeña boda en la iglesia. Después de la boda, hubo una fiesta. Todos estaban bailando. Don Ricardo, el hijo de un rico ranchero, vino a la fiesta. A Don Ricardo le gustaban mucho las muchachas. Él le pidió a la novia que bailaran. Es una costumbre de las personas bailar con la novia.
     Después, todos se fueron a casa. Teresa dijo, “¡Qué día tan hermoso!” Pero Pablo estaba enojado, “¿Te gustó bailar con ese hombre rico? ¿Hiciste una cita con él?” Teresa comenzó a llorar. Ella no podía entender a Pablo. Ella no había hecho nada malo.
     Un mes después, la pareja salió a dar un paseo. Se toparon en el camino con Don Ricardo. “Buenas tardes, señora,” dijo el hombre rico. Teresa volteó su cara hacia otro lado. Ella no dijo nada a Don Ricardo. Pero su esposo aún estaba enojado.
“Toma todas tus cosas. Nos mudamos mañana. No puedo vivir en el mismo pueblo con Don Ricardo.”
     Ellos abandonaron al siguiente día. Pablo y Teresa se mudaron a un pequeño pueblo en el norte. Ellos rentaron una pequeña casa. Pablo encontró un trabajo. Ellos ahorraron dinero para comprar una vaca. En una granja cercana, había un toro. La vaca y el toro se conocieron y se enamoraron. Ellos siempre estaban juntos.
     Un hombre que vendía dulces, comenzó a pasar por la casa de Pablo. El hombre era joven y era guapo. Teresa compraba dulces de él cada día. Un día, pablo llegó temprano a casa. Él vio a Teresa hablando con el vendedor de dulces.
     En casa, Pablo gritó, “¿Qué sucede cuando yo me voy a trabajar?¿Estás viendo a éste hombre cada día?”
     Para entonces, la esposa estaba cansada de los celos de su esposo. “¡Nos estás haciendo miserables! ¡Siempre he sido sincera contigo! ¡No tienes razón para estar celoso! ¡Estoy perdiendo mi paciencia! ¡Deja de ser tan celoso!” El esposo y la esposa tenían una gran pelea. Pablo decidió que se mudaran de nuevo.
     Dos días después, ellos estaban en camino. Teresa no se quería mudar. Ella era tan infeliz. La vaca se vino con la pareja.

     Después de pocos kilómetros, la vaca comenzó a mugir. “¿Qué sucede con esa vaca?” preguntó Pablo. Su esposa le dijo a Pablo acerca del toro. La vaca no quería dejar a su amado. Pero al poco tiempo, la vaca estaba mugiendo ruidosamente.
     En la tarde, la pareja hizo un campamento. La vaca estaba mugiendo mas ruidosamente que nunca. “¡Esa vaca ruidosa me está dando un dolor de cabeza! Dile que se esté quieta o la voy a dejar aquí.”
     Teresa fue con la vaca, “¡Quieta!¡Va haber otros toros en el nuevo pueblo!”
     Pablo escuchó a su esposa hablar. Pensó en las palabras de su esposa. “¡Va haber otros toros en el nuevo pueblo!” Él no pudo dejar de pensar en eso. Él no durmió en toda la noche.
     Después de esa noche, Pablo cambió. Él dijo, “Nos regresamos a casa nuevamente.” Teresa estaba encantada con el cambio de Pablo. Ellos regresaron a su vieja casa. Y ahora la vaca y el toro vivieron felices por siempre.  
     Leyenda Mexicana tomada de “Festival of Folktales.” Dominique Press. Carlsbad, California, 1993. Págs., 84-86.  
 
            

jueves, 24 de enero de 2013

La Sorpresa de Nandi por Eileen Browne

Nandi puso siete deliciosas frutas dentro de una cesta para su amiga Tindi. 
“Se llevará una sorpresa,” pensó Nandi cuando partió hacia el poblado de Tindi.
“¿Qué fruta le gustará más?” se preguntó.
“Le gustará la banana amarilla y suave…

o la guayaba de dulce olor?
¿Le gustará una naranja jugosa y redonda…
o un mango maduro y rojo?
“¿Le gustará la piña de hojas puntiagudas…
el aguacate verde y cremoso…
…o tal vez, una parchita de cáscara mojada?”
     “¿Qué fruta le gustará a Tindi?”
     “Hola, Tindi,” dijo nandi.  “Te traje una sorpresa.”
     “Mmmmm…¡Mandarinas!” dijo Tindi, “Mi fruta favorita.” “¿MANDARINAS?”dijo Nandi. “¡Esta sí que es una sorpresa!”
Tomado de La Sorpresa de Nandi de Eileen Browne, ediciones Ekaré. Traducción: María Cecilia Silva-Díaz.